El padrino del exgobernador Figueroa: Por Julio Santoyo Guerrero #Morelia

Por Julio Santoyo Guerrero
No, no es una propuesta de las bases perredistas de Morelia ni salió de las estructuras perredistas de la capital, aunque algunos ciudadanos con evidentes recursos hayan publicado desplegados en los diarios, y los liderazgos partidistas del municipio hayan salido como fieros y puntuales escuderos en su defensa y haciendo apología de su trayectoria y sus virtudes. Que el doctor Genovevo Figueroa sería el candidato del PRD para la presidencia municipal de Morelia es un asunto que se venía trabajando desde hace varios meses, mucho tiempo atrás de que el tema hubiera sido insinuado por los lideres municipales y mucho antes de que siquiera la ciudanía hubiera expresado algún juicio de valor en torno a su valor político.
Fue construida con certeza abrumadora, tan a pie firme que cuando "los más informados" hablaban del asunto hacían sentir el peso de la frase "se está trabajando al más alto nivel". Y debió ser así, ha sido el único funcionario que dejando el gabinete caminó derechito en brevísimo tiempo de la puerta de la Secretaría de Turismo al regazo de la dirigencia perredista moreliana quien le dio acogida automática de virtual candidato. Es decir, un trato excepcional que no ha recibido ningún otro aspirante perredista para cualquier puesto de representación popular en el estado. Las razones justificatorias que se ha esgrimido refieren a misteriosos y ocultos estudios de opinión que colocarían al doctor al frente de la percepción que positivamente tienen los morelianos de él.
El panegírico político del doctor parte de una premisa que es cierta, Morelia es una plaza harto difícil para el PRD y necesita de un candidato sólido que dé la pelea y eventualmente pueda ganar la elección el 13 de noviembre. Pero es falsa la conclusión, sólo el doctor puede lograr ese propósito. Es falas porque quienes así argumentan no exploraron con el mismo empeño las posibilidades que pudieran tener más de una decena de militantes perredistas que radicados políticamente en Morelia, con trayectorias públicas bien reconocidas, adentro y afuera del PRD, pudieran tener incluso mejores resultados electorales. La diferencia entre el virtual candidato y los demás es precisa, padrino mata argumentos.
Los modos, la firmeza y la tenacidad con la que se ha sostenido la propuesta del doctor apunta a la casa de gobierno. En los modos se destaca la solicitud con la que algunos hombres y mujeres que formaron parte del gobierno están saliendo formaditos, programaditos a dar su respaldo casi rabioso al doctor. Y no debiera ser cuestionable que un gobernador tenga sus candidatos. Después de todo ser gobernador no cancela los derechos políticos de quien tiene la investidura. Sin embargo, en un régimen democrático como el que pretendemos, y pretende con toda seguridad la izquierda, ese derecho político debiera ejercerse con transparencia. El gobernador debiera, como todo ciudadano y como todo perredista, hacer escuchar su propuesta y ser puesta a debate en igualdad de condiciones. Hacerlo al modo tradicional conlleva vicios, supone hacer valer la fuerza y la autoridad sin mediación de razones políticas, sobre todo las razones que genera la cultura democrática. Fue en la vieja cultura, la que se resiste a morir, en la que se acuñó la frase lacónica, reveladora y pícara del filósofo de "Güemez, "en política el voto del jefe hace mayoría".
En los viejos tiempos esas metodologías le funcionaban el partido de estado por la concentración extrema del poder y la disciplina ciega de los militantes del partido gobernante. Eran otros tiempos y otras las condiciones. Pero en un régimen en donde la cultura democrática se expande a pesar de muchos pesares, actuar al viejo estilo tiene sus riesgos. El caso Morelia, debido a la mala operación política y a la decisión de imponer un candidato puede derivar en la reiteración de la derrota para el PRD. Pueden corregir. Casi estoy seguro que no lo harán. Si los hechos se consuman y la fortuna no les favorece y si para entonces se impone la razón habrán de reconocer que diseñaron una estrategia nada clara y ajena a los valores de la democracia. Si la tozudez se impone se desgarrarán las vestiduras acusando a los discordantes de ser la causa de la derrota, como es tradición en cierta izquierda.
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