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miércoles, febrero 22, 2012
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El Fascismo renace de las cenizas de Europa... Por Teresa Da Cunha






Por: Teresa M. G. Da Cunha Lopes

Mirando las últimas imágenes de los enfrentamientos en Valencia y en Atenas, la predominancia de la reivindicación del símbolo de Anonymous como un referente de las movilizaciones anti-estado liberal, los discursos exaltados de los nuevos nacionalismos, el viraje al populismo de los candidatos de todos los colores(el ejemplo perfecto es el de Sarkozy), las legislaciones anti- migrantes y el contexto generalizado de crisis económica con tasas de desempleo galopantes, no puedo dejar de pensar en el paralelismo con el crack del 1929, las rupturas sociales y movilizaciones que provocó y en la consecuente emergencia del fascismo.

El fascismo aparece en el periodo de entre guerras como resultado de la aguda crisis política, económica e internacional que en ese momento sufrió el Estado liberal democrático.

Bien es cierto que sus raíces ideológicas y culturales pueden encontrarse desde finales del siglo XIX, pero serán la I GM y sus consecuencias las que crearán el caldo de cultivo apropiado para su surgimiento. Además, si la guerra había mostrado los problemas del Estado liberal para asegurar un orden internacional pacífico, la crisis económica del 1929 puso en evidencia sus limitaciones para asegurar el desarrollo, así como la necesidad de reformar sus principios no intervencionistas.

En este contexto aparecieron numerosos grupos, movimientos y partidos que se reclamaban fascistas o podían ser identificados como tales.

La falta de uniformidad del fascismo se pone de manifiesto al examinar los principales ejemplos históricos en los que alcanzó el poder (Italia, Alemania, Japón, Grecia, Portugal, España, Países de los Balcanes, etc....). Los modelos principales, el fascismo italiano y el nazismo alemán, presentan suficientes diferencias entre sí como para poder hablar de subtipos. Eugen Weber estableció una diferenciación entre el modelo fascista propiamente dicho, o italiano, al que calificaba de pragmático, más moderado y conservador, y el nacionalsocialista, más motivado teóricamente, radical y destructivo.

Entre los elementos comunes pueden destacarse los que Nolte denominó seis puntos del “mínimo fascista”:

1. Antimarxismo, sería una reacción a la expansión del socialismo que tuvo lugar tras la Revolución Rusa de 1917

2. Antiliberalismo, como resultado de la crisis del Estado liberal

3. Anticonservadurismo, pese a establecer alianzas temporales con grupos tradicionales y sectores de la derecha política

4. Principio de liderazgo, con un líder carismático indiscutido

5. Ejército del partido, se trata de un rasgo organizativo derivado de la militarización de las relaciones políticas

6. El totalitarismo como objetivo, es decir, el control total de las relaciones económicas, políticas y sociales.

Payne realizó también una descripción tipológica del fascismo, centrándose en tres puntos:

1. Ideología y objetivos:

2. Adhesión a una filosofía idealista, vitalista y voluntarista, que entraña normalmente la intención de crear una cultura moderna, secular y autodeterminada

3. Creación de un nuevo Estado nacionalista autoritario que no se basa en modelos o principios tradicionales

Organización de una nueva estructura económica nacional altamente reglamentada, multiclasista e integrada, tanto si se llama corporativista nacional, nacionalsocialista o nacionalsindicalista

Evaluación positiva de la violencia y la guerra y disposición a recurrir a ellas o recurso efectivo de las mismas

Objetivo imperial, de expansión, o cambio radical en las relaciones nacionales con otras potencias

Negaciones fascistas:

1. Antiliberalismo

2. Anticomunismo

3. Anticonservadurismo

Estilo y organización:

1. Movilización de masas, con militarización de las relaciones y el estilo político y con el objetivo de una milicia de partido de masas

2. Importancia de la estructura estética de las reuniones, de los símbolos y de la liturgia política, insistiendo en los aspectos místicos y emocionales

3. Insistencia extrema en el principio masculino y el dominio del varón, al mismo tiempo que adhesión a una visión fuertemente orgánica de la sociedad

4. Exaltación de la juventud por encima de otras fases de la vida, poniendo de relieve el conflicto de generaciones, por lo menos al efectuar la transformación política inicial

5. Tendencia específica a un estilo de mando autoritario, carismático y personal, independientemente de si el mando ha sido inicialmente electivo en alguna medida o no

Noventa años más tarde, una nueva crisis económica vuelve a reunir los elementos políticos y sociales del coctel fascista. Y la oligarquía, los detentores de los medios de producción necesitan otra vez desviar a las masas de ideas y propuestas que pudieran cobrar fuerza poniendo en peligro su dominio de clase. Esta vez, sin embargo, no esperemos ver camisas pardas, negras o azules en las calles. Despreciados por los ciudadanos como bandas de psicópatas, no son de gran utilidad.Al revés son contraproducentes.

Qué mejor válvula de escape del propio sistema que unas protestas que no van más allá y acaban en sí mismas, pero que reunen la escenarización mediatica (las máscaras, los eslogans, los mitines,los rituales) y que sirven de catarsis, de purificación emocional, corporal, mental de los individuos perdidos en la sociedad urbana y en busqueda de la pertenencia a nuevas tribus.

“Tea Party”; “Occupy Wall Stree”, la Plaza Syntagma; “Generaçao à Rasca”, los “Indignados” de Puerta del Sol, son una mera descarga que alivia la presión sin plantear un modelo alternativo de sociedad (lo que requiere ideología y organización).

Por eso, para lo que ya no son tan “pacíficos” es para prohibir tajantemente las banderas y los símbolos de los sindicatos y los partidos obreros, llegando a la agresión física a quienes se atreven a expresar visualmente su militancia política.Se trata de sustituir las movilizaciones de la izquierda anticapitalista, de los sindicatos y de los comunistas, frente a los que se lanzan las consignas de “ni partidos ni sindicatos”, “no nos representan”, etc.

Se trata, en definitiva, de barrer las posiciones de las democracías liberales y democráticas, cuya supervivencia está conectada a la del capitalismo y reemplazarlas con una disidencia controlada, con “asambleas” (por llamarlas de algún modo) manipuladas, y con una potente máquina de propaganda, contando con el respaldo abrumador de la prensa burguesa y las multinacionales de las redes sociales en Internet.

Se trata, en realidad de una antecámara del nuevo fascismo cuya otra vertiente estratégica ha consistido en el ataque a los gobiernos electos. Desde el 2009 veinte y dos países, con gobiernos legítimos y electos en las urnas han sido obligados a elecciones anticipadas (ej.:Portugal, España), a votos de confianza en sus parlamentos (ej.: Alemania, República Checa) y a renuncias espectaculares (ej.: Italia, Grecia) bajo la presión directa de los mercados financieros, o sea de los oligarcas.

La pregunta que coloco es :¿podemos vencer este nuevo fascismo, mucho más sutil, insidioso, que se adentra en los espacios públicos a través del doble movimientos en la calle y en los mercados, pero que no deja de ser tanto o más peligroso que el fascismo histórico para nuestras libertades individuales y para la supervivencia de la dignidad humana?

Sí, pero a condición de revitalizar las ideologías, reforzar la organización sindical, organizar la praxis política y recuperar los espacios públicos de la republica laica en las urnas. O sea no caer en el canto de las sirenas de aquellos que nos piden no votar, no participar,no agir, pero estar permanentemente indignados.

Y tener un sólo objetivo y un sólo lema: "NO PASARÁN"

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