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lunes, mayo 21, 2012
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Los invisibles… Por Julio Santoyo #Mexico




Julio Santoyo Guerrero

El único día en que un político le teme y le preocupan los ciudadanos es el día de las elecciones. Sólo cada tres años los ciudadanos son visibles y son la noticia más importante del país. Sólo en esos días es sujeto de decisiones, el resto es solo objeto de las decisiones de los elegidos. La cultura ciudadana por la participación política es incipiente y los mexicanos no terminamos de quitarnos de encima la tradición autoritaria, caudillista, caciquil y virreinal heredada de siglos. Los ciudadanos necesitamos del gobierno en la medida en que requerimos una autoridad paternal que nos resuelva sin que tengamos que actuar y tomar decisiones independientes, y los gobiernos requieren de ciudadanos que mansamente digieran y acepten sus directrices.

Las consecuencias de una tradición así no han sido buenas para el desarrollo democrático de México. La distancia abismal entre ciudadanos y gobiernos que produce, genera una suerte de tierra de nadie que es ocupada por toda especie de poderes fácticos, de la cual toman posesión en mayor medida los grandes poderes económicos y en menor medida núcleos de gestión social de variada procedencia, quienes de hecho se apoderan de la interlocución pública y sustituyen a la sociedad y en nombre de ella acuerdan políticas públicas que arrastran a la inmensa mayoría invisible a que las padezca.

La vida política de México está monopolizada por la partidocracia que tenemos y en la marginalidad está aún la participación política independiente de los ciudadanos. Así que las decisiones ocurren a ese nivel y en el espacio ocupado por los poderes fácticos de tamaños varios. Las estructuras del sistema están hechas para que así funcione y apenas han sufrido modificaciones leves para que llegue la participación de la sociedad. Nuestra cultura política está hecha para la no participación, está hecha para que la sociedad sea invisible al día siguiente de las votaciones y para que sean los partidos, sus élites y los poderes fácticos quienes tomen cómodamente las decisiones.

Para que nuestra democracia fuera más productiva y los actos de gobierno estuvieran más soportados en el consenso cívico es condición estratégica la educación en la participación y en la responsabilidad ciudadana. Requerimos de ciudadanos que ocupen el espacio de la interlocución con los gobernantes y adquiera así visibilidad permanente la sociedad. Una sociedad que inaugure incluso rutas propias, independientes al gobierno para la resolución de sus problemas. Para que desde grandes temas como el combate a la delincuencia organizada cuenten con el compromiso activo de la sociedad y hasta un asunto "menor" como el ejercicio al derecho a la educación de 57 mil alumnos de la universidad michoacana pueda ser atendido privilegiando el derecho universal y el interés de las mayorías, por encima de un poder fáctico que anula la legalidad.

La invisibilidad social es un tema que debería preocupar seriamente a los gobernantes. La endémica debilidad que suele caracterizarlos para actuar proviene de la distancia que por tradición construyen ante la sociedad y por la autopercepción de carencia de consenso. Hasta ahora la única vía -bastante indirecta-, que tienen para autoafirmarse, es la aplicación de estudios de opinión que les permite conocer cómo los califica la sociedad. Cuando de lo que se trata es de promover la construcción de una ciudadanía fuerte, participativa, independiente con la cual refrendar recurrentemente las políticas públicas con las que actúan.

La condición de invisibilidad social ha permitido grandes absurdos y perversiones de la justicia. Por ejemplo, permitió un Fobaproa para que grandes especuladores echaran mano de los recursos financieros de la nación mientras la gran mayoría de los mexicanos cargaban sobre sus espaldas la crisis económica del 95. Ha permitido en Michoacán que un ex gobernador responsable de endeudar al estado por más de 39 mil millones de pesos, goce de plena impunidad y se atreva a exigir que le ofrezcan disculpas por señalarle como el causante. Ha permitido que la sociedad moreliana o del estado tenga que sufrir la violación a su derecho al libre tránsito y ser puestos en condición de rehenes por grupos de poder fáctico, sin que haya consecuencia alguna y sin que sea atendido el derecho violado.

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