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miércoles, octubre 24, 2012
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Candidos y provocadores... Por Julio Santoyo #Michoacan


Por Julio Santoyo Guerrero

Uno de los actos más perversos de la política es la provocación. Cuando Maquiavelo en El Príncipe afirmaba que en dicho quehacer el fin justifica los medios, también incluía la acción política que operada desde lapenumbra conduce al infiltrado a precipitarse y a actuar emotiva y ciegamente para atraerse la derrota cometiendo errores de tiempo, circunstancia y eficacia que lo vulneran o hasta lo eliminan.

La historia de la política está plagada de acciones de provocación y casi todas han hecho daños notables a quienes insensatamente se han dejado guiar por su atractivo resplandor. En la Rusia zarista en 1905 el padre Georgi Gapón, que colaboraba con la Okrana (la policía política del zar, es decir era un provocador), condujo a 200 mil obreros en una protesta en San Petersburgo que terminó en masacre y que desató la persecución, exilio, encarcelamiento y muerte de cientos de dirigentes obreros y comunistas, echando por tierra los esfuerzos de organización política de socialdemócratas y revolucionarios. Su acción abortó un esfuerzo de mayor profundidad para transformar la sociedad rusa y fortaleció el autoritarismo zarista que prolongó su dominio 12 años más. En la misma Rusia, el Partido Social Revolucionario (eseristas por sus siglas), operaba el terrorismo “revolucionario” a través de lo que denominaban la Organización de Combate y tenía como propósito golpear a la élite dirigente zarista para debilitarla y propiciar su derrocamiento. Al frente de esa organización figuraba Evgueni Filípovich Azev, y bajo su dirección según lo narra Boris Savinkov en su obra “Memorias de un terrorista”, dieron muerte a varios personajes de la alta burocracia zarista. Grande fue su decepción cuando Savinkov comprobó que Azev era un provocador y trabajaba para la Okrana y particularmente eliminaba a aquellos políticos enemigos de quienes lo financiaban desde el gobierno monárquico del Zar Nicolás II. Es decir, una acción que pretendía ser “revolucionaria” era en realidad un trabajo de sicariato que la Okrana le encomendaba a la Organización de Combate de los eseristas a través de Filípovich Azev.

Los líderes de los movimientos sociales debieran ser menos cándidos y saber distinguir la presencia de la provocación. La misma doctrina marxista (hay quienes la toman como referente y seguramente algunos estudiantes leen esta literatura), considera el vandalismo como acto de lumpenproletarios (ver cap. V “18 Brumario de Luis Bonaparte” de K. Marx), contrario a los intereses de todo movimiento obrero revolucionario. El propio Lenin, quien no pecó jamás de “blando” dedicó todo un capítulo de ¿Qué hacer? al “Aventurerismo revolucionario” en el que destroza la teoría de “la transferencia de fuerza”, una teoría del siglo XIX que afirmaba que la acción directa contra los gobernantes (la violencia), en sus consecuencias dotaba al movimiento de la fuerza que el gobierno perdía. Calificaba a esta teoría como “vetusta” y “dañina” y afirmaba categórico que “el apasionamiento por la violencia no es más que un estado de ánimo efímero” del espíritu “pequeñoburgués” que parte de la desconfianza en la capacidad consciente y transformadora de las “masas” y el “proletariado”.

La provocación por sus tácticas precipitadas e “irresponsables”, tiene como común denominador poner en riesgo la integridad física de las personas, derrotar, desprestigiary descabezar a los movimientos sociales, entregar a sus dirigentes a los órganos de la justicia para ser procesados, motivar la reacción enconada de la sociedad, desalentar la legitimidad del régimen democrático y auspiciar el autoritarismo.

Por eso el PRD no debiera ser cándido. No toda la izquierda perredista ha arribado a la madurez política que algunos han logrado, a través de una historia de lucha que debió haberles dejado profundos aprendizajes. Es verdaderamente penoso ver a ciertos dirigentes y hasta diputados engancharse al cabús del reclamo en pro de la impunidad sin aportar, como debiera ser su obligación política, ni una frase seria de deslinde. Su proyecto ahora recoge y acoge las prácticas vandálicas en un acto desesperado de oportunismo ¿”para estar cerca de la gente”? Es asombroso contemplar este espectáculo de autodestrucción y abandono de sus principios políticos: “El Partido de la Revolución Democrática es una organización política nacional constituida … de acuerdo a los principios y normas que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”; “El Partido conduce sus actividades por medios pacíficos y democráticos”.

¿Si las demandas de los normalistas se situaban sólo en el plano educativo de dónde vino la consigna para “secuestrar” automotores, para incendiarlos y luego para resistirse a la autoridad, y luego elevando la provocación al cuadrado, volver a “secuestrar” vehículos y volver a quemarlos? Quienes dirigieron esto no ignoraban que tales actos son delitos y que al hacerlo atraerían la acción obligada de la justicia y la intervención de la fuerza pública como ya había ocurrido incluso en los primeros meses de 2008 durante el gobierno de Leonel Godoy. ¿Candidez o pura provocación?

En los eventos de la semana pasada hubo muchos cándidos y varios halcones provocadores. Reprobablemente se llevaron entre los pies a cientos de jóvenes a quienes sólo utilizaron de carne de cañón. Muchos intereses se regodearon con el escenario de tensión y algunos políticos se frotaron las manos en la esperanza de caer parados en los espacios que la crisis desalojara.

Sin embargo, los eventos han concitado el rechazo y la condena social y la exigencia de la prevalencia del estado de derecho. Los michoacanos convalidan las instituciones constitucionalmente establecidas, desean la paz y repugnan la violencia, así lo dicen estudios de opinión que otorgan casi un 80 % de aprobación a la actuación gubernamental.
Retorno al diálogo.

Las demandas educativas legítimamente planteadas por los normalistas deben retornar a los espacios de diálogo. Lo primero es que la nueva etapa de diálogo esté presidida por la aceptación mutua de respeto al orden constitucional y el cese de toda acción extralegal. Lo segundo es que el diálogo sea público, de cara a la sociedad michoacana, en donde estén presentes los medios de comunicación. Lo tercero es que se construyan acuerdos que incluyan compromisos mutuos, de los distintos ordenes de gobierno y de los propios normalistas. Lo cuarto que se constituya una comisión de seguimiento ajena a los involucrados, que pueden ser ciudadanos o personalidades del ámbito académico, empresarial, etc., de reconocida integridad, que verifique el cumplimiento de los acuerdos. Y quinto, que se constituyan como coadyuvantes de buena voluntad los diputados, representantes de partidos y líderes sociales interesados en la solución del conflicto.

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