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lunes, diciembre 17, 2012
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Confrontar y coincidir... Por Julio Santoyo Guerrero


Por Julio Santoyo Guerrero

Como oposición la izquierda electoral y no electoral ha demostrado tener la virtud de ser buena para objetar y mantenerse firme en el cuestionamiento y la denuncia. De las fuerzas políticas de todos los colores y todas las geometrías es la que mejor ha sabido representar el papel de oposición. Su problema es que en escenarios propositivos y constructivos no ha tenido, salvo algunas excepciones, el mismo carácter, la misma iniciativa y el mismo arrojo. Ha dejado pasarincluso algunas buenas oportunidades que le ha ofrecido el desarrollo político del país. Su inseguridad para dar pasos firmes en una dirección propositiva ha sido evidente incluso en la propia vida interna de las organizaciones.

La multiplicidad de organizaciones de izquierda, en muchos casos irreconciliables unas con otras, hace difícil y eternamente conflictivaslas mutuas relaciones y las alianzas duraderas para construir proyectos de largo aliento y de definiciones estratégicas más allá de un gremio y de un grupo. Y es que la evolución del pensamiento político de la izquierda en los últimos años ha sido desigual y heterogéneo. Mientras que algunas expresiones han construido solo programas democráticos, otras han evolucionado hacia la socialdemocracia, otras se han anclado en los planteamientos de la izquierda existente antes de la caída del muro de Berlín, y otras más se alimentan de mezclas extrañas y contradictorias de pensamientos anarquistas, socialistas y hasta derechistas.Este variopinto panorama coloca a la izquierda en condiciones de desventaja para dar respuestas políticas eficaces y propositivas en momentos importantes para la vida política nacional. De manera “natural” se ve empujada a privilegiar su instinto opositor y confrontador ante realidades que escapan a su comprensión pero colocándola en muchos casos en la periferia de la evolución política.

El Pacto por México ha sorprendido nuevamente a la izquierda. Mientras el sector más cercano a la socialdemocracia ha captado de inmediato el valor político de este acuerdo y se ha aprestado a no dejar pasar la oportunidad y colocarse como protagonista de los cambios que supone el ponerle pies y dientes a las reformas asumidas en dicho acuerdo, otra parte de la izquierda, electoral y no electoral, ha decidido seguir el camino que su ADN político le marca, oponerse sin considerar los costos políticos que ello supone, o incluso negar su propio discurso, sólo porque ahora los firmantes del Pacto por México le han quitado la bandera.

Dos de los firmantes del Pacto, Pri y Pan, han salvado satisfactoriamente con costos menores, las divergencias internas que pudieron presentarse. El PRD parece que estará siguiendo otra ruta. La firma del Pacto ya se ha constituido en tema de reclamo interno y externo. Sólo los resultados en breve del mencionado acuerdo podrán amortiguar la fuerza del cuestionamiento. Si a alguien le urge que el Pacto rinda resultados inmediatos es a la actual dirigencia nacional perredista. Tal vez por ello le hayan concedido a Jesús Zambrano la primicia de anunciar hace una semana la inminencia de la reforma educativa que -no es casual-, está caminando a gran velocidad en la Cámara de Diputados. Al perredismo que acepta el Pacto le interesa que dicho acuerdo le transfiera fuerza antes que debilidades.

Sin embargo, de esta coyuntura difícilmente la izquierda política y social saldrá fortalecida. En lo inmediato el lópezobradorismo y el radicalismo ya han tomado distancia y estarán confrontando a la dirigencia perredista, y no sólo por el Pacto, sobre todo porque avistan la oportunidad de tumbarle militantes y votantes que se inclinan por la premisa ideológica de que las alianzas con el priismo y el panismo son inaceptables.

Si el Pacto camina, si las reformas que implica son oportunamente aprobadas y si en breve se traducen en políticas públicas y en acciones que lleguen a los electores la fortaleza de la corriente que actualmente dirige al PRD no sólo se refrendará, crecerá. Esta nueva condición de la izquierda, de haber tenido la visión para establecer una gran alianza para importantes reformas podría, -repito si es exitosa-, abrir una amplia ventana de oportunidad política y electoral. Y podría dar sustento al desarrollo de dos grandes izquierdas: la que actualmente dirige al PRD y la que se aglutine en torno al liderazgo de AMLO. ¡Ya lo veremos!

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