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lunes, septiembre 23, 2013
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Solidaridad, la unica proteccion... #Michoacan

opinion



Julio Santoyo Guerrero

Cada 19 de septiembre hacemos recordatorio de que la fuerza de la naturaleza suele convertirse en tragedia mayúscula cuando no observamos reglas precisas para seleccionar los sitios para habitar y las reglas para la construcción de los espacios en que vivimos y trabajamos. Los sismos de 1985, con el agravante de las fallas humanas que elevaron la cantidad de víctimas, nos debieron generar una gran cultura de la protección civil que a 28 años de distancia, pudo haber consolidado prácticas y protocolos que redujeran al mínimo las víctimas y afectaciones por el acoso de los fenómenos naturales que suelen ser históricamente regulares en el territorio nacional: ciclones, heladas, sequías, sismos e incendios. Pero la omisión y la indolencia nos han llevado a repetir errores que la naturaleza suele poner al descubierto cuando se manifiesta de manera extrema.

La conjunción de los dos fenómenos naturales “Ingrid” y “Manuel”, escasamente frecuentes en la historia meteorológica, pero posibles como ya había ocurrido a finales de los 50’s del siglo pasado, nos han hecho ver que nuestro mapa de riesgos es insuficiente, que no estábamos preparados para proteger la vida y los bienes de cientos de miles en los territorios donde ocasionaron más lluvias y con más intensidad. Nos ha hecho ver que en muchos lugares se construyeron fraccionamientos en donde no debieron haber sido permitidos; que se construyeron carreteras y puentes en zonas de alto riesgo, por debajo de la norma que debió exigirse para su ubicación y resistencia. Algunos puentes en carreteras michoacanas sucumbieron fácilmente a las crecidas de los ríos. Crecidas que estaban indicadas por huellas históricas visibles en los causes pero que fueron ignoradas para, muy seguramente, ajustar presupuestos a la baja.

Los deslaves sobre poblados nos deben poner en alerta. Algunas poblaciones han sido edificadas en zonas de alto riesgo y sus pobladores no lo saben. La lección que nos debe dejar “Ingrid” y “Manuel”, así como nos la dejó el sismo del 85, debe ser contundente en materia de riesgos climáticos. Cada municipio debiera de tener su propio mapa de riesgos, localidad por localidad y un protocolo claro de actuación en caso de desbordamientos, inundaciones, deslaves y pérdida de vías de comunicación y abasto.

El fortalecimiento o creación de los sistemas de protección civil municipal es vital. El esquema,excesivamente centralista en el manejo de los recursos y las estrategias, que hasta ahora existe no es capaz de dar respuesta oportuna y pertinente a las contingencias, como quedó demostrado. Los estados y los municipios quedaron finalmente y obligadamente supeditados a las decisiones centrales que en materia de rescate, atención, suministro y protección determinó el gobierno federal, poseedor de la mayor parte de los recursos que se requerían o están requiriendo los damnificados de acuerdo a la magnitud del desastre.

El 19 de septiembre se ha señalado como el día para valorar nuestros esquemas de protección civil. Y es oportuno señalar que en materia de previsión de ciclones nuestras estrategias son claramente insuficientes. La vulnerabilidad demostrada es argumento incuestionable.

Quiere decir que en esta materia nos hace falta mucho camino por recorrer. El sistema de alerta temprana no ha sido eficaz y los términos de valoración empleados para difundirla no son claros o se ven diluidos por el interés regional de la economía, que como en el caso de Guerrero que privilegió la venta turística antes que la alerta por la presencia ciclónica. El sistema de respuesta tampoco ha sido el mejor, múltiples localidades en diversas partes del territorio nacional quedaron aisladas durante días sin que existiera un sistema alterno de comunicaciones que les garantizará en lo inmediato el mando para el recate, la atención médica, la provisión de alimentos y la organización de refugios.

Al final de las carencias, y como buena noticia, ha aparecido como ya es encomiable tradición, el espíritu solidario de los mexicanos que en mucho ha mitigado las graves deficiencias del sistema de protección civil. En ello debe haber una profunda revisión. El tema debiera abordarse con más fuerza e interés incluso que el que se pone en las reformas que están ocupando a nuestros representantes populares. Un sistema de protección civil eficiente y eficaz significa la vida de millones, de ese tamaño es la urgencia de su revisión.

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