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jueves, diciembre 01, 2011
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Las tribulaciones de un país



Francisco RIVAS LINARES

“La única salida productiva al dolor es la palabra”



Cuando el indio rebelde Jacinto Canek fue capturado en la sabana de Sibac (Yucatán) , lugar en que se refugiaba después de la derrota sufrida en la hacienda de Huntulchas por los españoles, al momento en que uno de los esbirros le ataba las manos, le dijo... “Es inútil, capitán, le va a faltar cordel para atar las manos de todo el pueblo.”

La metáfora pudiera aplicarse a la respuesta que la presidencia ha dado a la denuncia que 23 mil ciudadanos presentaron ante la Corte de la Haya, solicitando que se investigaran las condiciones en que se está desarrollado el combate a la delincuencia organizada y el tráfico de drogas en nuestro país, ya que presumiblemente se están cometiendo delitos tipificados en el Apartado 1 del Artículo 5 del Estatuto de Roma que literalmente expresa:

“La competencia de la Corte se limitará a los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto. La Corte tendrá competencia, de conformidad con el presente Estatuto, respecto de los siguientes crímenes: El crimen de genocidio; los crímenes de lesa humanidad; los crímenes de guerra; y el crimen de agresión.”

El enojo de Felipe Calderón se tradujo en un comunicado que deja entrever su estilo personal de gobernar: intolerante. Y esgrimió una amenaza: analizar la posibilidad de proceder legalmente en contra de los 23 mil firmantes de la queja, calificándolos, además, de calumniadores.

Parodiando la metáfora que Abreu Gómez puso en boca de Canek, diríamos: Es inútil, señor Presidente, le van a faltar leyes para silenciar a todo el pueblo.

La mesura debe ser característica sustantiva de todo gobernante. Si como dice el paradigma hablar es ser, la identidad de Calderón quedó evidenciada una vez más con sus flatulencias verbales.

Platón señaló que todo gobernante deberá tener las virtudes dicotómicas de la templanza y moderación; conocimiento y prudencia; y fortaleza y voluntad. Sufrimos la pena de ser gobernados por políticos que adolecen de una irracionalidad de espanto, políticos que pretenden ejercer una tutoría que nadie les otorgó.

La ética de la responsabilidad está ausente. Las decisiones son tomadas a ojo de buen cubero y se gobierna dando palos de ciego. Los costos son daños colaterales, y todo se desenvuelve como una pesadilla atroz en la que pululan cadáveres, se rumia el escozor de la impotencia y ahoga el llanto del sufrimiento.

¿De qué estamos hechos los mexicanos? De miedos. Y esta sensación, al instalarse en nuestro ser, va desvaneciendo nuestra personalidad consciente.

Nuestros pensamientos, como nuestras sensaciones, están siendo canalizados hacia una dirección definida: la domesticación de las masas. La intensidad de los estímulos violentos que nos ofrecen cotidianamente los medios, nos paralizan y quedamos petrificados, inmóviles y sin voz. Si demandamos justicia, exponemos nuestras vidas. Los homicidios de Marisela Escobedo y Nepomuceno Moreno son casos paradigmáticos.

Vivimos intoxicados de resentimientos. Vivimos bajo el principio rector de conservar lo poco que se nos deja: salarios miserables, indigencia galopante y una rabia que nos envenena la paz interior. Esa es nuestra única unidad: las tribulaciones. Ese es “El infierno de todos tan temido”.

POR UNA SOCIEDAD SIN AGACHADOS: ¡NO MÁS SANGRE! ¡BASTA DE SANGRE!

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