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miércoles, diciembre 07, 2011
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Un club muy exclusivo...




Por Teresa Maria G. Da Cunha Lopes 

El informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) sobre Irán es cómo una crónica de una bomba anunciada: como tal, no trajo ninguna sorpresa, no arrojó ningún dato nuevo. Pero confirmó los temores de Israel y del mundo occidental: cualquier duda razonable de que Irán está trabajando activamente en la producción de la bomba atómica sólo puede ser fruto de la madre de todas las ingenuidades

Ahora bien, teniendo en cuenta la intención declarada del régimen iraní de destruir lo que sus representantes (en particular de su Presidente Mahmoud Ahmadinejad a quién hemos visto proclamar en diversos foros, inclusive desde el púlpito o tribuna de la ONU su creencia en el Armageddon , próximo en el tiempo y que eliminará de una vez por todas a EE.UU y a Israel), suelen llamar "la entidad sionista", está claro que Israel (y con razón) se siente directamente amenazado por la perspectiva de un Irán nuclear.

Tampoco Europa y los EE.UU., teniendo en cuenta el apoyo de Irán a grupos extremistas y su patrocinio del terrorismo internacional, duermen más tranquilos o quedan de brazos cruzados esperando esta eventualidad. Y, no olvidemos que México que por su cercanía geográfica con EE.UU está en la “primera línea de fuego”.

En vista del comportamiento cada vez más errático y cada vez más loco y contradictorio de Ahmadinejad, de su odio, una y otra vez , declarado contra Occidente y de su focalización del mismo en EE.UU y en Israel, no es posible pensar que el programa nuclear iraní sea un “programa de paz”. Más bien es la punta del iceberg de un conjunto de acciones programadas con la finalidad de iniciar la Jihad que será encabezada por el auto proclamado Mahdi, Ahmadinejad, o como mínimo está pensada como una herramienta de control regional de un régimen que es un feroz lector del “Choque de Civilizaciones” de Huntington.

Es posible. En la realidad es hasta plausible.Y, es evidente que tiene que ser contenido.

El problema es que no existe una respuesta simple sobre lo que necesitamos hacer y qué podemos hacer . Sin embargo, el debate público que se inició en Israel (ya por el hecho de ser un debate público sobre seguridad nacional, es un hecho que no tiene precedente histórico en este país) se ha desarrollado en una dirección interesante, diría mismo, inesperada.

En esta nueva dirección del debate sobre la seguridad nacional de Israel en un mundo con un Irán nuclear, la posición más sorprendente , pero también la más lúcida, ha sido la de Meir Dagan.

Meir Dagan, ex director del Mossad (el Mossad, equivalente israelí de la C.I.A. es una de las agencias de inteligencia más efectivas del mundo, responsable de la recopilación de información de inteligencia, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo en el exterior) ciertamente no es un hombre propenso a hablar en público ni es una paloma. Estuvo al frente del Mossad durante tres gobiernos, o sea sobrevivió a tres primeros-ministros ( uno de ellos Ariel Sharon), lo que sólo es posible cuando se aportan resultados sobre el terreno y un control de la cadena de mando en el interior. Hasta este momento era conocido por la planificación de operaciones audaces y por un silencio de hierro sobre las mismas.

Sin embargo, poco tiempo después del final de su mandato como cabeza del Mossad, Meir Dagan hizo algo bastante inusual en un antiguo director de los servicios de inteligencia: habló públicamente sobre cuestiones militares y de seguridad y se colocó frontalmente contra el discurso oficial y la posición defendida por el actual primero ministro, Benjamín “Bibi” Netanyahu .

Benjamín Netanyahu parece haber decidido ya que Israel, en solitario o en compañía de otros, debe destruir las instalaciones nucleares iraníes. Ahora se concentra en convencer a los sectores escépticos de su Gobierno y a la cúpula militar, que muestra dudas y preferiría en todo caso que fuera Estados Unidos quien asumiera la iniciativa de atacar. Según el Yediot Ahronot, el periódico israelí de mayor circulación Netanyahu tiene el apoyo del ministro de Defensa, Ehud Barak,pero no tiene el apoyo de los altos mandos militares ni del actual director del Mossad Tamir Pardo.

Y no tiene el apoyo mayoritario ni de la opinión pública ni de la prensa liberal y de izquierda, tal como lo demuestran los diversos editoriales del Haaretz. Ni tiene el apoyo de todo el gabinete y ni siquiera de la derecha religiosa. El diario español El País, en su edición del 3 de noviembre afirmaba, citando al diario Haaretz y al The Guardian, que : “ El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido celebrada el lunes, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía "despierto por las noches", debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo palestino Hamás desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa "un riesgo para todo el mundo" y que corresponde a EE UU, no a Israel, asumir el liderazgo de una acción política o militar”. (sic).

Es a esta “alianza” heterodoxa contra los “halcones” del eje Netanyahu/Barack que Meir Dagan viene a dar voz. Y, una voz que es la respetada voz de la “autoridad” sobre cuestiones de seguridad nacional, una “voz” que los halcones no pueden atacar como “derrotista” o “traidora”, porque es la “voz “ de aquellos que han hecho de la defensa de Israel el objetivo único de su vida.

Meir Dagan ha reiterado públicamente, una y otra vez, que un ataque directo militar contra Irán sería "una idea estúpida" para una serie de razones. Entre otras: porque llevaría a una guerra regional con consecuencias incontrolables y porque no haría sino aumentar la determinación de Irán en conseguir armas nucleares.

La nueva vocalidad de Dagan es como una ojiva dirigida contra los partidarios de la opción militar. Y, no está sólo: el ex Jefe de Estado Mayor, Gabi Ashkenazi, y el ex Director del Shin Bet Yuval Diskin lo apoyan hoy y lo apoyaron en el pasado, contra lo que Meir Dagan describe como la “obsesión” de Netanyahu y la “imprudencia” de Barak.

Esto contradice un supuesto, hasta poco incuestionable, que ha gobernado la conciencia pública y el quehacer político de Israel durante la mayor parte de la existencia del país: no hay ningún problema que no puede resolverse militarmente. O sea, corresponde a una revolución coperniciana de los paradigmas de seguridad y de las relaciones regionales de Israel.

Hasta el presente debate el paradigma vigente colocaba la solución de cualquier tipo de peligro directo a la existencia de Israel y a su seguridad nacional en la asunción del poder ilimitado de Tsahal (ejercito) para lo solucionar militarmente. Esta asunción de un poder ilimitado de las FDI se vio reforzado por una serie de grandes victorias militares, como en 1967 y en 1973, así como por audaces hazañas que van desde la incursión en Entebbe al bombardeo del reactor nuclear iraquí en Osirak. Básicamente, el supuesto era que el liderazgo civil de Israel definía los objetivos, cualquier objetivo , y que el ejército israelí los ejecutaba sin importar su ámbito y amplitud.

Lo que nos deja vislumbrar la “revuelta” mediática de Meir Dagan ( y la más discreta en en el gabinete de Tamir Pardo) es que el “Establishment” de seguridad de Israel, altos mandos militares y agencias de inteligencia, está encabezando un cambio profundo en la cultura política de Israel y en los paradigmas que rigen su política de relaciones exteriores. Se trata de dejar claro que el mito de que las FDI deben intervenir agresivamente bajo cualquier contexto de riesgo para Israel ( lo que podríamos llamar de política de disuasión en base al papel hegemónico) debe de ser substituido por la diplomacia y por una política basada en la teoría racional de la disuasión (deterrence theory) de las armas de destrucción masiva, que establece que no hay ninguna manera por la cual una potencia que posea armamento nuclear igual o menor que otra potencia pueda forzarla con eficacia a políticas contra sus elecciones e intereses( veáse a Mearsheimer 2003, in “An Unncessary War y “Keeping Saddam in a Bos”).

El consenso que surge en la conversación con los expertos y de la consulta de los informes de los diversos think tank es bastante claro: si bien Israel tiene la capacidad operativa de llegar a algunas de las instalaciones nucleares de Irán, en particular a partir del momento de la salida e EE.UU de Irak a finales del año (y de la consecuente apertura de la posibilidad del uso de la “ruta corta” por los aviones israelíes) , una operación tipo Osirak, conseguirá, como máximo, un retroceso de las ambiciones nucleares de Irán en unos cuantos años - dieciocho meses es la estimación de Aaron David Miller.

Si, efectivamente, un Irán nuclear es una amenaza existencial para Israel, dieciocho meses no ofrece mucho consuelo. Como dice Aaron David Miller, con un argumento de sentido común, el escenario en que Israel tiene que atacar a Irán cada dieciocho meses para asegurar la imposibilidad de una bomba nuclear iraní es totalmente irreal.

Tenemos, entonces, que colocar la cuestión : ¿por qué Netanyahu y Barak insisten en asegurar al mundo que la opción de un ataque israelí es inminente? Por supuesto que quieren mantener la presión sobre la comunidad internacional a hacer todo lo que se puede hacer para reforzar las sanciones contra Irán. El mundo libre (o sea nosotros) tiene un gran interés en la prevención de un ataque, cuyas consecuencias podrían ser desastrosas no sólo para Israel sino para el mundo en su conjunto.

Sin embargo, Netanyahu no sirve a los intereses de Israel al insistir en la idea de que el próximo holocausto está a la vuelta de la esquina . El pánico no es una buena guía para la acción, tanto en las cuestiones de la vida como en las cuestiones de la muerte. Y, además sólo entra al campo de Ahmadinejad, sin aportar una solución o una estrategia real.

Es muy posible que Israel tendrá que acostumbrarse a la idea de un Irán nuclear. Hay que acostumbrarse a pensar la estrategia en términos diferentes, asumiendo que el verdadero significado de la palabra “estrategia” es la gestión de riesgos, no eliminación total de riesgos. Esto no quiere decir que Israel y el mundo libre no deban hacer todo lo que se puede hacer de manera realista y sin consecuencias catastróficas para impedir que Irán consiga la bomba. Pero esto significa que también tenemos que nos preparar para un mundo con un Irán nuclear.

Esta no es una posición derrotista ( tal como Meir Dagan, creo que no soy “derrotista” o “entreguista” y siempre me colocaré en la posición de la defensa de la existencia de Israel), es simplemente una posición realista. Los EE.UU. tuvieron que aprender a vivir con una Unión Soviética y con una China nucleares. India y Pakistán, ambas potencias nucleares, han vivido en un enfrentamiento y una guerra fría que brota periódicamente desde hace décadas en episodios de fricción fronteriza.

Unirse al club de las potencias que viven en un equilibrio nuclear de disuasión mutua no será la opción favorita de Israel (ni la nuestra en Occidente). Pero puede ayudar recordar que es un club (muy exclusivo) que ha estado en existencia desde hace bastante tiempo y que ha propiciado un equilibrio porque la disuasión es propensa a ser obtenida cuando el atacante potencial cree que un ataque efectivo es poco probable y costoso.

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