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lunes, julio 09, 2012
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PRD: Dilapidar o construir mayorias politicas... Por Julio Santoyo

columnista
Por Julio Santoyo Guerrero


Sería un error garrafal que AMLO y el PRD siguieran el mismo camino que en el 2006. Una vez concluidas las impugnaciones legales a que tienen derecho las izquierdas electorales y si las diligencias no prosperan conforme a su propósito de anular la elección presidencial, la opción de la lucha postelectoral callejera sería francamente suicida. No es menor el antecedente de que las reglas de la lucha electoral con las que compitieron los candidatos en este 2012 fueron aprobadas por todos los partidos representados en el Congreso en el 2007 y muchas de ellas tuvieron como inspiración los "vacios" o "permisiones" que denunció el propio López Obrador en 2006, algunas incluso se impusieron a costa de sacrificar la propia libertad de expresión para garantizar la equidad en el acceso a los medios.

El ejercicio del poder en los últimos 20 años igualó a todos los partidos en el uso no legal de recursos públicos para fortalecer precandidatos y candidatos. En esta condición entran todos. La consulta a través de cualquier buscador de internet sobre el tema ofrece miles de sitios en donde se puede documentar esta afirmación para cualquier partido. Es decir, las mismas reglas escritas y no escritas, permitidas y no permitidas, estuvieron en juego en el proceso electoral del 2012 y con ellas llevaron votos a su favor cada uno de los partidos. No hay uno libre de culpa y el que quiera pasar como inmaculado se engaña pero no engaña a la sociedad que conoce muy bien cada historia, en cada distrito, en cada estado. Es decir, en el relativo margen que se dieron, y muy acorde con el estado de su cultura democrática, cada partido propició una riesgosa "equidad" para trampear ciertos ordenamientos legales. ¿Cuál es la cantidad exacta de votos que cada candidato llevó a las urnas con estas prácticas? es difícil precisarlo, y no será tan sencillo que los organismos legales puedan hacerlo. Pero de ahí a afirmar que todos los votos del ganador fueron fraudulentos y representan el voto por la corrupción es una desproporción, tanto como afirmar que los votos por el PAN son los votos de la derecha retrógrada y que los del PRD son los votos del populismo clientelar, lo que representa una absoluta falta de respeto a millones de ciudadanos que sufragaron libremente, independientemente del partido por quien lo hicieron.

Las posibilidades de éxito de una lucha postelectoral callejera, de resistencia civil, encabezada por López Obrador y por la dirigencia perredista en el contexto actual sería francamente suicida para las izquierdas electorales. Perderían nuevamente la oportunidad, como les ocurrió en 2006, de convertir el respaldo electoral de sus más de 15 millones de electores en construcción de estructuras partidarias regulares en entidades de la república en donde tienen una existencia precaria; perderían la oportunidad de constituirse en el eje de la construcción de las nuevas mayorías parlamentarias que se necesitan para acordar las postergadas y reclamadas reformas de estado, ser protagonistas de ellas y convertirlas en una extraordinaria plataforma para su futuro en el 2015 y en el 2018; perderían la oportunidad para soportar el lanzamiento de los liderazgos que el PRD necesita para resarcir los daños ocasionados por liderazgos estatales previos que llevaron a la debacle a este partido; perderían la oportunidad de transitar a otra fase de su historia, una que debiera caracterizarse por la madurez política, la definición de una izquierda moderna con un ejercicio ético que recupere el prestigio perdido y deje de depender de liderazgos mesiánicos y carismáticos y consolide su institucionalidad.

Apostarle nuevamente al desconocimiento de la elección presidencial, a otra "presidencia legítima", bajo las condiciones de todo tipo observadas en esta elección (Código Electoral 2007 aprobado también por la izquierda, casi 3 millones de votos de diferencia, realización de conteo público de votos casilla por casilla, opinión pública más exigente, repudio social a lo que fue el plantón en Reforma en 2006, alternancia efectiva en la presidencia en favor de un partido opositor -no es intrascendente el hecho de que quien ganó no es el partido en el poder-), representa un salto al abismo que puede arrastrar al PRD a una crisis de grandes proporciones y dejar un vacío imperdonable que llenará productivamente la ahora tercera fuerza electoral del país representada por Acción Nacional.

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